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Microbiota y virus respiratorios I

Después del webinar de Nutribiótica de la semana pasada sobre microbiota, virus respiratorios e inmunobióticos, prometí escribir alguna cosa sobre el tema. Como es un tema bastante amplio y sobre todo con el COVID19 hay bastantes novedades, lo voy a repartir en más de un post para que sea más digerible.

Más virus que estrellas

Se estima que en cualquier momento dado en el planeta Tierra hay 1031 virus. Se calcula que hay 1029 estrellas en el Universo. Es decir, hay 100 veces más virus que estrellas en el universo. Parece muchísimo, ¿verdad? Si los pusiéramos en fila india – a los virus – formarían una cadena de 200 años luz de longitud. Son magnitudes difíciles de aprehender para la mente humana.

Los virus no se consideran seres vivos aunque sí entes biológicos. Son un material genético – ARN o ADN – envueltos por una cápside, y algunos, por una envoltura. Además, dentro de nosotros tenemos virus. Son los llamados retrovirus endógenos: en un pasado muy remoto, ese material genético viral pasó a formar parte de una célula. Por otro lado, algunos de los virus que nos infectan se quedan en nuestro genoma de forma latente. Y hay quien piensa que nuestro ADN no codificante – esa parte que no se corresponde con ninguna proteína también llamada “ADN basura” – en realidad corresponde a antiguos virus que pasaron a formar parte del ADN de diversos tipos celulares.

Cuando se habla de virus, en general se piensa en enfermedades. Y es cierto que hay muchas enfermedades producidas por virus. Sin embargo, muchos virus son de plantas u otros animales y no nos producen patología a los humanos. Otros virus son totalmente inofensivos. Y luego están los fagos, esos virus que infectan a las bacterias y las arqueas, y que contribuyen a modular nuestra microbiota.

Virus respiratorios

Ahora que llega el otoño y el invierno, preocupan sobre todo los virus respiratorios. La temperatura, las condiciones de humedad y el hacinamiento en interiores hace que en esta época sea típico infectarse con alguno de estos virus que dan lugar a catarros y cuadros de tipo gripal. La bajada de los niveles de vitamina D también tiene que ver: es una sustancia fundamental para el buen funcionamiento de nuestro sistema inmunitario.

Los virus respiratorios tiene nombres como Rhinovirus, Influenza y Parainfluenza, el virus respiratorio sincitial, los Adenovirus, Metapneumovirus, Herpesvirus Bocavirus, y los virus Coxsackie. También hay varios Coronavirus, incluyendo el SARS-CoV-2 que nos da la lata en el momento actual.

Estos virus pueden producir cuadros como sinusitis, otitis media, faringitis y amigdalitis, laringitis, bronquitis, bronquiolitis o neumonía. Son un problema frecuente: de media, cada persona tiene hasta 2 o 3 episodios de infección respiratoria viral al año. Claro, algunos no tienen ninguna y otros están más tiempo malos que sanos. Esto supone la muerte para casi 2 millones de niños menores de 5 años cada año en todo el mundo. Las infecciones respiratorias virales son la primera causa de exacerbación de asma y EPOC. Solo de gripe hay entre 3 y 5 millones de casos graves al año, con 200-600 mil muertes.  De forma combinada, suponen un coste económico de miles de millones de euros o dólares al año en todo el mundo, con la pérdida de días de trabajo y ausencias escolares que implican.

La mejor defensa: nuestro sistema inmunitario

Los virus en general son un tipo de microorganismos para los que no tenemos fármacos muy eficaces, salvo en el caso del VIH, la hepatitis C y parcialmente la hepatitis B. Curar, lo que se dice curar (con fármacos), podemos curar la hepatitis C, eso sí, actualmente en casi el 100% de los casos. Por lo demás, lo que sí tenemos es un sistema inmunitario que se encarga de protegernos contra los virus.

Frente a los virus, tenemos por un lado las defensas del sistema inmune innato. Este componente del sistema inmunitario lucha contra los virus fundamentalmente con los interferones de tipo I y las células natural killer. En cuanto a la inmunidad adaptativa, entra en juego algunos días más tarde; la respuesta antiviral adaptativa recluta sobre todo linfocitos CD8 citotóxicos y linfocitos B, que van a producir anticuerpos contra el virus.

Factores de riesgo para sufrir un catarro o una gripe

Los factores de riesgo para sufrir una infección respiratoria viral son, sobre todo, los siguientes:

-Disbiosis intestinal y del aparato respiratorio.

-Trastornos metabólicos e inflamatorios crónicos subyacentes.

-El uso de algunos fármacos, incluidos los antibióticos.

-La inmunosenescencia relacionada con el envejecimiento por un lado, o la falta de maduración del sistema inmunitario en los niños pequeños, por otro.

-Ciertos factores dietéticos con déficit de algunos micronutrientes clave para el sistema inmunitario.

-El tabaquismo (¡que es malo para todo!).

-El estrés: tanto el psicológico, como los viajes (sobre todo si se atraviesan muchos husos horarios), la deprivación de sueño o el ejercicio físico de muy alta intensidad y extenuante de forma repetida sin recuperación adecuada.

Disbiosis intestinal y sistema respiratorio

Como soy una friki de la microbiota, el primer punto me resulta especialmente interesante. La microbiota intestinal es importante para que nuestro sistema inmunitario funcione de forma óptima. Pero además, existe un eje intestino – pulmón. En una situación de salud, homeostasis y eubiosis intestinal, se favorecerá un perfil inmunitario adecuado en el aparato respiratorio, con predominio de los linfocitos Treg, de inmunoglobulina A (la asociada a las mucosas), y de citoquinas como la IL-10, el TNF-alfa, el IFN-gamma o el TGF-beta. Además, no habrá un exceso de activación de eosinófilos, neutrófilos o macrófagos.

En cambio, la disbiosis intestinal puede favorecer la activación inadecuada o excesiva de ciertas citoquinas proinflamatorias y de células como los NK o los CD4, con activación de neutrófilos y eosinófilos, con el predominio de eosinófilos o neutrófilos según la patología de la que hablemos: asma, EPOC, fibrosis quística, cáncer de pulmón o infección respiratoria.

En cuanto a la microbiota intestinal y los virus respiratorios, una situación de eubiosis permite modular tanto la protección antiviral innata como la adaptativa por varios mecanismos:

-La regulación del sistema inmunitario con movilización de células de tipo Th1 y linfocitos B productores de IgA.

-La liberación de factores inmunomoduladores como el IFN-gamma, la IL-6, o el CSF-GM.

-Los MAMPs (Microbian Associated Molecular Patterns) también modulan el sistema inmunitario.

-Los SCFA (ácidos grasos de cadena corta) producidos por la microbiota intestinal participan de la reprogramación metabólica del organismo y el sistema inmunitario.

Microbiota respiratoria y virus

Además de la microbiota intestinal, también la respiratoria tiene que ver con la regulación del sistema inmunitario frente a los virus respiratorios. La configuración de la microbiota del aparato respiratorio depende mucho de cómo son la oral y la digestiva. Además de los factores habituales que influyen también en la microbiota intestinal, sobre la respiratoria impactan en especial factores como el tabaco, la contaminación atmosférica o la estación del año. Por otro lado, se establece un equilibrio dinámico entre la entrada de microorganismos por inhalación, microaspiraciones y dispersión por la mucosa de forma directa, y su eliminación por la tos, el aclaramiento mucociliar, y las defensas innata y adaptativa. Los niveles de pH y oxígeno y la disponibilidad de nutrientes a nivel alveolar también influyen en la composición de la microbiota respiratoria.

La fracción bacteriana de la microbiota respiratoria varía según el segmento que examinemos: no es igual en la cavidad nasal que en los pulmones. Por otro lado, también encontramos hongos y virus en el aparato respiratorio, que establecen relaciones complejas con el componente bacteriano y también con el microbioma intestinal.

Un ejemplo de estas interrelaciones y con los factores que afectan a la microbiota es un estudio en el que se comprobó en un modelo animal que la administración de antibióticos predispone a la infección por el virus de la gripe y el neumococo. Por otro lado, las infecciones respiratorias virales pueden provocar alteraciones en la respuesta inmunitaria local y sistémica, además de disbiosis respiratoria e intestinal. Este es uno de los mecanismos por los que se puede producir una neumonía bacteriana secundaria después de una infección viral como la gripe.

¿Qué podemos hacer para defendernos?

Con todo lo comentado, parece obvio que modular la microbiota intestinal es interesante para estar mejor preparados frente a los virus respiratorios, ahora y siempre. En la próxima entrada hablaremos sobre los inmunobióticos y también los micronutrientes imprescindibles para afrontar en condiciones óptimas el otoño y el invierno.

Referencias

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